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domingo, enero 27, 2008

Laguna mental y metáforas exacerbadas

Hokusai

Cuando veía animes con mayor regularidad me gustaba cómo 'animaban' el mar, algún lago, el interior del mar, a veces de colores inverosímiles, a veces una playa tranquila, a veces movimientos mágicos extraños: el água (considerando las series que he visto, que no son muchos) siempre purificadora, limpia, transparente(adjetivos que usan-también-para vender agua mineral) tenía 'podereres' en descanso que defenderían al bienhechor (o protagonista) en la mayoría de casos.
[Pequeño detalle del párrafo anterior: No estoy pensando en Pokemón con exactitud]


Recuerdo bastante en Ayashi no Ceres a Touya y cómo estaba entre atraído, admirado, extrañado ante el mar. Esto termina explicándose al final de la historia, y siempre me quedo pensando en cómo sería encontrarle un sentido tan bien definido, tan para usar la palabra 'destino' -segun yo- tan 'más interesante que mi propia vida'. El tipo de historias en las que es irresistible desear tener todo tan claro como uno de estos personajes. Con el paso del tiempo (me siento anciana al decir eso) creo que ese deseo, más que desvanecerse, se confunde con una sensación más fuerte de incertidumbre/caos/desorden, es como volver a casa luego de andar en la calle todo el día, o, si quisiera hacer una metáfora más acertada, como cuando alguien quiere salir de vacaciones.

Siempre obcecada con oposiciones simplonas, el agua (azul, pacífica) vs. el fuego (rojo, vigoroso), pensaba con cierta desesperación en esta supuesta 'oposición fundamental' como una condena a la pasividad: siempre iba a tener menos energía, audacia, viveza, lo que para mí significa(ba) una desventaja en mi vida diaria. Siempre he tenido una obsesión por el color azul, cualquier ocasión en la que puedo elegir un color, siempre es azul, sea ropa, , frazada,helado-cuando aún era tamaño para parque de diversiones-, etc. Lo sé, no es difícil escapar de esta ''condena'', pero no puedo negar que deambula por mi cabeza cuando se me ocurre juzgar lo que hago con 'mala fe'.

En fin, el agua me relaja, ya se porque efectivamente disminuye el pulso (o algo así) o me creí muy en serio esas asociaciones agua~quietud, agua~no tensión y algunas otras que podría calificar de 'tristes'. Este año he tenido la suerte de viajar por algunas lagunas en Cusco, y me he vuelto a creer todo lo que el agua representa. Podría pensar en lo realmente 'anti-natural' que son mis aspiraciones, pero, es una sensación parecida a ver un anime y aspirar a lo trascendental. Son momentos para suprimir cualquier juicio.

Una de 'Cuatro Lagunas'

Creo que el post escapa de la 'temática' del otro blog en el que colaboro.

domingo, febrero 04, 2007

Vicisitudes en el micro I

Heidelberg por la tarde. El antónimo de transporte público a mediodía.

Personajes: Señora de lentes naranjas
Cobrador
Yo
Otros habitantes del micro

Escenario: Asiento doble, segunda fila, casi al frente de la puerta del micro, que siempre anda abierta. Ventana suelta , abierta también.
El micro no tiene muchos stickers, solo el de la ruta. El cobrador tiene una Crush.
La calle es una avenida no muy complicada.

....(Advertencia: esta pieza contiene muchos 'monólogos interiores' y puede parecer/es pretencioso)

Yo: Ya que por fin se acerca el micro, desistiré en comprar algo para tomar. Qué calor que hace. Vaya, correteo de nuevo. La mala suerte de bajar a un pasajero una cuadra antes tiene como consecuencia que tu adversario gire temerariamente para recoger el trofeo de guerra. Quizás no de guerra. Igual, pasajero es pasajero en fin de semana. El que parezca joven puede ser el premio consolación del -ahora- micro adversario, esperaría que pagara medio, y ya no valgo tanto la pena.

Cobrador: Rápido, rápido

Yo: Bah, sentarme al lado de la ventana ya no puede adquirir ningún significado más allá de calmar el calor. Con suerte llegaré en 25 minutos. Vaya, quizás en 20 nomás. Parece ser el sitio ideal para correr. Quién sale los domingos en la mañana a otro sitio que no sea la playa. Había olvidado los correteos, había olvidado en tres semanas, pensando que los micros eran tan sólo 'los primeros que te apuran cuando todavía el acelerador-y-embrague es complicado' o 'los que mas miedo dan'. Coño, quiero manejar. Al menos los asientos estan separados razonablemente, pero...qué calor que hace!

Cobrador: Sube, sube, todo Garzón, Metro, Arequipa

Yo: Señoras. Señoras que inevitablemente se sientan adelante. A dónde irán un domingo a mediodía. OK OK, me hago a un lado. Querían sentarse juntas y yo les malogré la conversación, ahora van a dormir. Tendré que despertarla cuando trate de bajar. Mi ahora vecina lleva unos lentes de sol curiosos, son naranja, como para la playa. Fácil van a una casa donde sus parientes más jóvenes las esperan, deben ser primas o algo por el estilo.

Cobrador: Pasaje señorita (se oyen las monedas en el bolsillo del cobrador)

Yo: OK, una moneda de dos soles.

Cobrador: A dónde va?

Yo: Emm, a la Arequipa

Cobrador: Un ratito.

Yo: Las dos posibilidades del día, o me da un sol de vuelto, o me da ochenta céntimos. Me dió flojera sacar el carnet y todo. Es domingo, hace calor, ellos tienen más calor todavía. Nueve de diez que me da ochenta, está buscando monedas. La burocracia me la puso fácil.

Cobrador: Vuelto.

...
Contínuará (espero)

sábado, diciembre 16, 2006

Planta alta I

Las bondades del piso nueve (y de una cámara) [Maratón RPP, un domingo]

El Pasado bajo

He pasado gran parte de mi vida en un segundo piso, en una casa, bastante cerca del suelo. Por entonces mirar por la ventana era una actividad casual, sin sentido práctico o de entretenimiento alguno, era tan sólo una manera de dejar de ver el interior de la casa por un instante. Un detalle: la vista no era muy alentadora, una calle, un pequeño edificio azul, casas poco agraciadas, señores regando jardines esporádicamente, ejemplares de transporte público (una única ruta p
asaba por esta calle) que deben haber servido a más de dos generaciones. En cuanto incidentes esporádicos diseñados para que por un pequeño agujero de la cortina uno o dos ojos chismosearan...uno que otro señor ebrio que se mantenía de pie gracias a la pared de noche y hacían escándalo para que les abrieran la puerta. Nada de parejitas, (ya que instalaron una acusadora luz en la vereda de la casa) nada de niños (ya que por entonces yo era la única por ahí y (casi) nunca salía).

La ventana que daba frente a la calle en el segund
o piso era bastante grande (lo que ameritó inversión constante en cortinas) y sus bordes eran curvas muy suaves. Cuando aún no sabía lo que era la vida en primaria solía sentarme en esas curvas, de espaldas a la ventana. Siempre que me preguntaba cómo se ponían las ventanas en una casa me imaginaba una sierra gigante cortando la pared (algo así como un carpintero). Luego me imaginaba la caída del pedazo de concreto que había estado en el lugar de la ventana. Cuando la casa que existía al frente mutó en pequeño edificio algo aprendí.

La ventana del primer piso era más aburrida, pues lo
único que se veía era la mini jungla-muro. Algo del edificio azul podía verse cuando venía el jardinero. Gracias a la habilidad de la enredadera para crecer hacia afuera (obstruyendo la corta vereda) el jardinero venía seguido.

Entonces, ventanas grandes aseguraban una casa bastante iluminada. Ese era su objetivo. Del mismo modo, ventanas grandes aseguraron temblores que duplicaban su escala de "asustamiento" por vibrar tanto. Ese era su inconveniente.


En fin, me podría haber quejado de mi vieja casa por el poco entretenimiento callejero-chismoso, pero desde que comencé a usar la computadora ese tipo de entretenimiento perdió la poca importancia que ya tenía. En última instancia, si el incidente era muy escandaloso, se iba a comentar en mi casa. Me atrevería a decir que ocurría la misma falta de interés en la mayoría de casas de la cuadra. Nunca entendí tampoco qué significaba barrio. Nunca supe como se llamaban todos los vecinos. Supongo que me agrada esa privacidad/tranquilidad/indiferencia moderada, es cómoda la mayoría de las veces.


Seis pisos después...

No, a tanto no llegué. [Vaticano, escaleras después]

La primera idea del cambio casa-a-departamento era, por supuesto, una vista privilegiada. Las primeras dos fotos han sido posibles gracias a ello.

(digo yo) continuará...




martes, diciembre 12, 2006

El número que ha marcado se encuentra fuera de área...

Como no sé cómo describirlo, lo llamaré sencillamente suerte. He pasado todo el día frente a la PC, he almorzado, he comido mango y un Cerealbar de chocolate, he tomado muchos vasos de agua frente a este pedazo de plástico. He visto a mucha gente entrando y saliendo de Msn, casi me siento portera ( de qué, me digo). Hay tanta, pero tanta gente que hace que esta cosa (internet) sea más y más grande y que está tan pero tan lejos que he imaginado qué tantas millones de veces más nos tardaríamos(en la gran mayoría de casos, pues ¿qué porción de internet la haremos los latinos, o más aún, los peruanos?) en llegar a la ciudad o pueblo donde estos sujetos han escrito, posteado, blogeado, o colgado algún trabajo propio, o, llegando al borde de la demencia, algún arañazo de sus existencias en fotos, comentarios, o videos.

Ahora que todo avanza tan vertiginosamente, sobretodo en este medio, siento lo que sentía con las cámaras, que algo se escapa de mi control, o de mi inútil deseo de controlar lo que ocurre. De los días en que ni sabía que podía ver videos en la PC a los días en que gasto horas en youtube apenas ha pasado parte de mi adolescencia. Pero esto no es el tema.

En cualquier caso, el hecho es que he encontrado una suerte de respuesta encriptada en uno de los posts de un forista en los foros de elaleph. Es el discurso de Paul Auster, cuando recibió no se qué premio.

He aqui.
"Discurso de Paul Auster"
ELPAIS.es - Cultura - 20-10-2006
PAUL AUSTER


No sé por qué me dedico a esto. Si lo supiera, probablemente no tendría necesidad de hacerlo. Lo único que puedo decir, y de eso estoy completamente seguro, es que he sentido tal necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia. Me refiero a escribir, y en especial a la escritura como medio para narrar historias, relatos imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos mundo real. Sin duda es una extraña manera de pasarse la vida: encerrado en una habitación con la pluma en la mano, hora tras hora, día tras día, año tras año, esforzándose por llenar unas cuartillas de palabras con objeto de dar vida a lo que no existe…, salvo en la propia imaginación. ¿Y por qué se empeñaría alguien en hacer una cosa así? La única respuesta que se me ha ocurrido alguna vez es la siguiente: porque no tiene más remedio, porque no puede hacer otra cosa.

Esa necesidad de hacer, de crear, de inventar es sin duda un impulso humano fundamental. Pero ¿con qué objeto? ¿Qué sentido tiene el arte, y en particular el arte de narrar, en lo que llamamos mundo real? Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista práctico. Un libro nunca ha alimentado el estómago de un niño hambriento. Un libro nunca ha impedido que la bala penetre en el cuerpo de la víctima. Un libro nunca ha evitado que una bomba caiga sobre civiles inocentes en el fragor de una guerra. Hay quien cree que una apreciación entusiasta del arte puede hacernos realmente mejores: más justos, más decentes, más sensibles, más comprensivos. Y quizá sea cierto; en algunos casos, raros y aislados. Pero no olvidemos que Hitler empezó siendo artista. Los tiranos y dictadores leen novelas. Los asesinos leen literatura en la cárcel. ¿Y quién puede decir que no disfrutan de los libros tanto como el que más?

En otras palabras, el arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad? ¿Acaso la falta de sentido práctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda son una pura y simple pérdida de tiempo? Muchos lo creen. Pero yo sostengo que el valor del arte reside en su misma inutilidad; que la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo. Piénsese en el esfuerzo que supone, en las largas horas de práctica y disciplina que se necesitan para ser un consumado pianista o bailarín. Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados para lograr algo que es total y absolutamente… inútil.

La narrativa, sin embargo, se halla en una esfera un tanto diferente de las demás artes. Su medio es el lenguaje, y el lenguaje es algo que compartimos con los demás, común a todos nosotros. En cuanto aprendemos a hablar, empezamos a sentir avidez por los relatos. Los que seamos capaces de rememorar nuestra infancia recordaremos el ansia con que saboreábamos el cuento que nos contaban en la cama, el momento en que nuestro padre, o nuestra madre, se sentaba en la penumbra junto a nosotros con un libro y nos leía un cuento de hadas. Los que somos padres no tendremos dificultad en evocar la embelesada atención en los ojos de nuestros hijos cuando les leíamos un cuento. ¿A qué se debe ese ferviente deseo de escuchar? Los cuentos de hadas suelen ser crueles y violentos, describen decapitaciones, canibalismo, transformaciones grotescas y encantamientos maléficos. Cualquiera pensaría que esos elementos llenarían de espanto a un crío; pero lo que el niño experimenta a través de esos cuentos es precisamente un encuentro fortuito con sus propios miedos y angustias interiores, en un entorno en el que está perfectamente a salvo y protegido. Tal es la magia de los relatos: pueden transportarnos a las profundidades del infierno, pero en realidad son inofensivos.

Nos hacemos mayores, pero no cambiamos. Nos volvemos más refinados, pero en el fondo seguimos siendo como cuando éramos pequeños, criaturas que esperan ansiosamente que les cuenten otra historia, y la siguiente, y otra más. Durante años, en todos los países del mundo occidental, se han publicado numerosos artículos que lamentan el hecho de que se leen cada vez menos libros, de que hemos entrado en lo que algunos llaman la “era posliteraria”. Puede que sea cierto, pero de todos modos no ha disminuido por eso la universal avidez por el relato. Al fin y al cabo, la novela no es el único venero de historias. El cine, la televisión y hasta los tebeos producen obras de ficción en cantidades industriales, y el público continúa tragándoselas con gran pasión. Ello se debe a la necesidad de historias que tiene el ser humano. Las necesita casi tanto como el comer, y sea cual sea la forma en que se presenten –en la página impresa o en la pantalla de televisión–, resultaría imposible imaginar la vida sin ellas.

De todos modos, en lo que respecta al estado de la novela, al futuro de la novela, me siento bastante optimista. Hablar de cantidad no sirve de nada cuando nos referimos a los libros; porque no hay más que un lector, sólo un lector en todas y cada una de las veces. Lo que explica el particular influjo de la novela, y por qué, en mi opinión, nunca desaparecerá como forma literaria. La novela es una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad. Me he pasado la vida entablando conversación con gente que nunca he visto, con personas que jamás conoceré, y así espero seguir hasta el día en que exhale mi último aliento.

Nunca he querido trabajar en otra cosa

Me dieron ganas de estar contenta con ''los tiempos'' en los que vivo, pero sé que ello es efímero. De cualquier modo, los disfruto sin desesperarme en la medida que pueda.


domingo, setiembre 10, 2006

Mírala tú, pedazo de pantalla!

Sin mucha vergüenza confieso que he pasado este y muchos fines de semana al frente de una pantalla, ya sea el televisor de la cocina ( sí, no hay mejor lugar para el pequeño ), el de mi cuarto, que es bastante cómodo para la vista, y, cómo no, el monitor de mi computadora (que es mi pantalla favorita). Creo que de tanto tiempo que paso en su compañía mi vista o mi percepción ha perdido algo, o en cualquier caso ha cambiado hasta tal punto que siento imágenes de computadora y/o video al ver el mundo ''cotidiano''.

No creo que me vaya a volver loca, es tan solo un cambio que me afecta en situaciones en las que debo reaccionar rápido luego de un periodo de letargo ( como por ejemplo recordar un dato, una fecha, un número, mientras voy en carro ). Veo algo como una escena ya armada, o algo ya premeditado, algo que alguien o algo ya ha controlado y configurado para que sea así, tal como ocurre en un anime, o en una serie de tv americana, o en un juego de video. Esos momentos cuando me digo "reacciona" son cada vez más recurrentes, y llego al punto de ni siquiera entender o hacer caso a ese imperativo. De todos modos es interesante percibir 'las cosas' como una mera grabación, no por el hecho de sentir una suerte de dejavu sino por verlas en, si se quiere, un 'formato' especial. En último término mi vista ha cambiado un poco y yo lo estoy expresando de manera grandilocuente.

Se me ocurrió por entonces que estos momentos un tanto desconcertantes tenían su origen en mi excesivo uso de las pantallas, de realidades ajenas, algunas tan artificiales como el escritorio de windows. Luego de una reprimenda de mi mamá por estar tanto tiempo en la computadora llegué a sentirme un poco mal, pero aún así no me animo a salir a la calle, a "la realidad en términos estrictos" por dejar que estos estados me causen problemas. Me gusta sentarme frente a una pantalla, me gusta manejar la computadora por el puro gusto de hacer click y teclear cualquier cosa en el messenger o acá, o me gusta leer en interner, me gusta ver un buen programa de televisión, o sencillamente hacer zapping porque no puedo dormir y eso a veces me aletarga.

Y eso a costa de mi salud física (viva el sedentarismo) y mi ''estar mosca''. Felizmente, hasta ahora, mi vista sigue 20/20, pese a la 'barbarie' que cometo contra mis ojos. Nunca he necesitado lentes, a pesar de querer usarlos por el puro gusto de tener algo encima de las orejas y apoyándose en mi nariz. Sólo en una corta época hace algunos años me ardían los ojos luego de mucho tiempo en la computadora. Desde que cambie de pantalla no he tenido mayores problemas.

No estoy preocupada por llegar a un vicio que me prive de ciertas cosas, que pierda muchas vivencias por vivir acompañada de un pedazo de pantalla y luz. Por el momento soy, en la medida que puedo, consciente de lo que hago con mi tiempo libre. Quizás cuando sea vieja me arrepienta, o quizás me arrepienta dentro de poco, pero esas posibilidades poco me importan cuando veo un buen capítulo de anime o una serie.


Me sorprendo a mí misma por la ligereza con la que tomo este asunto. Sea como sea, dentro de poco las clases en la universidad y las mil cosas para leer inevitablemente me alejarán de esos pedazos de vidrio, lcd, o lo que sea.

Cuando tenía algunos años menos hubiese pensado unirme al FBI y ser detective de crímenes, o forense, ahora me siento aún más perdida cuando pienso 'con realismo' en mi futuro.

Para "despejar mis dudas", me voy a ver Cold Case xD.